miércoles, 2 de agosto de 2017

Históricas



LA LIMPIEZA ÉTNICA
DE PALESTINA

“El viajar es cosa muy útil: Afina la imaginación. Nuestro viaje particular transcurre por la Verdad. Aquí reside su fuerza”.
L. F. Céline

En estos tiempos encontramos historiadores que luchan por la verdad histórica. Ellos nos plantean una nueva visión de acontecimientos del siglo pasado, que tienen presencia en las causas de los actuales. Con esto hallamos un rasgo alentador en la característica de las actuales generaciones, tan proclives a la comodidad de lo “políticamente correcto”. Constatamos en obras que, al estudiar aspectos de la realidad del siglo XXI, revelan una restauración de la verdad del pasado mediato e inmediato. Es nuestra tradición cultural marcando su presencia la que, pese al bolcheviquismo gramsciano, existe y, tal como dijera Mussolini: “ella interpreta, desarrolla y potencia toda la vida de los pueblos de nuestra romanidad”. Dios uno y trino, me tuvo de su mano cuando, una fría tarde de junio, fui conducido ante una librería a la que entré, creyendo ser movido por la curiosidad.
Mi inquietud se concentró en un grupo de ejemplares alineados militarmente. Tomé uno, y sin dudar lo adquirí. El tomo lleva el título que tiene esta nota, y su autor es un profesor nacido en Haifa (1954), ciudad palestina hoy ocupada por el estado de Israel. El polígrafo es Ilan Pappé, actualmente, profesor de historia en la Universidad de Exeter, siendo además, Director del European Center for Palestine Studies. Se desempeñó como conferencista en la universidad de Haifa, siendo autor de varias obras entre las que se destacan la que ofrecemos al lector, amén de “Gaza en crisis”, “Reflexiones sobre la guerra de Israel contra los palestinos”, entre otras. Sus escritos, de veracidad indiscutible por la documentación que los respalda, le han traído el odio de sus “hermanos” y hasta le significó estar amenazado de muerte. A ello se debe su actual exilio.
El libro al que nos referimos, cuenta con 414 páginas, divididas en 12 capítulos formidables por lo que revelan. Está impreso en España con la colaboración de Editorial Planeta. Y fue traducido por Luis Noriega. Ya en su contratapa se expone la esencia del estudio. Así leemos en ese sector: “los israelíes la conocen como «guerra de la independencia de 1948». Para los palestinos es la «nakba», «la catástrofe», puesto que su resultado fue uno de los procesos de limpieza étnica más amplios y dramáticos de nuestro tiempo. Cerca de un millón de palestinos fueron obligados a emigrar a punta de fusil, abandonando sus tierras, sus bienes y sus hogares; hubo matanzas de civiles y cientos de poblados fueron destruidos deliberadamente. Pese a sus dramáticas dimensiones, los israelíes han conseguido ocultar este crimen contra la humanidad durante muchos años. Ilan Pappé el más prestigioso a escala internacional, de los historiadores israelíes, se ve obligado a publicar sus obras en el extranjero entre amenazas de muerte. Revela en este libro, con la luz de documentos desclasificados, la verdad de una expulsión que sigue haciendo hoy imposible la paz entre palestinos e israelíes y que está en los orígenes de todos los problemas actuales de Oriente Próximo”.
Para dar más claridad a este tema necesitamos destacar que, hace un siglo (octubre de 1917), Lord Balfour en breve carta, hacía conocer a Lord Rotschild, poderosísimo financista judío nacido en gran Bretaña, que el gobierno de Su Majestad veía favorablemente la instauración en palestina de un “hogar nacional para el pueblo judío, dirigiendo sus mejores esfuerzos, a la consecución de este objetivo”. De esta manera, Londres pagaba el apoyo sionista para fabricar acetona, sustancia muy necesaria entonces para la producción de explosivos en gran escala.
Al día siguiente, toda Gran Bretaña comentaba el documento oficial. “The Times”, en gran titular decía: “Simpatía oficial: Palestina para los judíos”. “Desde ese momento, dice la historiadora canadiense Margaret Mac Millan, todos, judíos y no judíos, diplomáticos y políticos, hablaron de estado y no de Hogar Nacional” como establecía la nota oficial firmada por Balfour el diplomático del cual dijo alguien: “tiene una sonrisa que es como la luz de la luna sobre una lápida”.
En la conferencia de paz de 1919, los sionistas estuvieron representados entre las delegaciones de muchos países y donde los judíos –escribe el historiador Vicente Riesco: “no integraban la delegación en primera fila. Ocupaban puestos diplomáticos secundarios, muchas veces, más decisivos: secretarios privados o consejeros, tan importantes como influyentes. De este modo consiguieron ventajas en los tratados de Versalles, Sevres y Trianon. Se pudo decir que, después de los ingleses, fueron los sionistas los que más ganaron (…) El mundo salido de los Tratados, tendió a organizarse, según los principios más caros al pensamiento judaico moderno”.
Señala el historiador Riesco: “fue una época de liberalismo universal en que el cosmopolitismo, y la social democracia con el marxismo, fueron pródigamente predicados y hasta ensayados”. La tiranía judeo bolchevique, fue instaurada por Lenin y Trotsky (Bronstein) en 1917 con el apoyo de la banca Khun Loeb. Luego, Stalin siguió recibiendo ayuda, hasta el extremo que, en la segunda guerra mundial, fue salvado de la muerte junto al aborto bolchevique. El capitalismo “internacional” estuvo a la orden, personificado por Delano Rosenfeld. El golpe rojo, para hacer de España un gran gulag, fue otra muestra del “Odium Christi”. “En este ambiente, los judíos estaban satisfechos. Sus escritores figuraban entre los más leídos”. En las naciones aliadas vencedoras, y en las vencidas, así como en los estados de nueva creación, los judíos y sus amigos, participaban de los gobiernos.
Sin embargo, el gran éxito hay que colocarlo en el sedicente “Hogar Nacional de Palestina”. Fue este el espacio geográfico que el terror de la Hagana, el Irgun, y la Stern, con armamento stalinista, convertirían en Estado sionista. El mismo fue aprobado por la O.N.U. Con 33 “esotéricos” votos de Salomón Truman y José Stalin, en la sesión del 29 de noviembre del año 1947. Se comentó por esos tiempos, en algunos círculos, la influencia del judío Kaganovitch, suegro de Stalin, en el voto soviético. Se agregaba, por otra parte, que Moscú había creado en Birodidjan la primera república Socialista Soviética judía a orillas del río Amur, en Siberia. Ella fue establecida con algunos miles de hebreos en 1931. El estado de 1948 se vio mucho más fuerte desde el vamos, aunque históricamente era el segundo estado hebreo del siglo XX, con arrogancia entró en escena con paso prepotente y dispuesto a todo: El nuevo Israel nació a la independencia el 14 de mayo de 1948 (5 de yar del año 5738, según el calendario judío).
En el “Prefacio” del libro que leemos, ya se nos presenta al principal personaje del inmisericorde sionismo: David Ben Gurión. El autor Pappé, extrae una frase del “político” tomada de los “archivos sionistas centrales en reunión de la ejecutiva Agencia Judía. Junio 12 de 1938”. Allí dice: “Soy partidario el traslado forzoso, no veo nada inmoral en él”.
Éste fue el proyecto. Veamos su sangriento desarrollo, el cual había comenzado antes de la segunda guerra mundial. Repasemos al respecto un párrafo del mismo Ilan Pappé: “el miércoles 10 de marzo de 1948 un grupo de 11 hombres conformado por veteranos lideres sionistas y jóvenes militares judíos pusieron los toques finales para la limpieza étnica de palestina. Esa misma tarde se enviaron órdenes militares a las unidades sobre el terreno para preparar la expulsión de palestinos en vastas áreas”... “las órdenes estaban detalladas, los métodos a emplearse para desalojar por la fuerza”… “intimidación a gran escala, asedio y bombardeo de las aldeas, de casas, propiedades, bienes, expulsión, demolición y finalmente siembra de minas entre los escombros para impedir el regreso de los expulsos. A cada unidad se le proporcionó una lista de aldeas como blancos de este plan maestro conocido por el nombre en clave de «Plan D» (Dalet en hebreo)”… “Como intentan mostrar los primeros capítulos de este libro” –continúa el autor – “fue al mismo tiempo el producto inevitable de la ideología sionista que abogaba por un estado exclusivamente judío en Palestina”… “tomada la decisión se tardó seis meses en completarla… “cuando estuvo terminada la misión había desarraigado a más de la mitad de la población nativa de palestina (cerca de ochocientas mil personas) destruido 531 aldeas y vaciado once barrios”. “El citado plan de marzo de 1948 es un ejemplo clarísimo de una operación de limpieza étnica, algo que el derecho internacional actual, considera un crimen contra la humanidad”.
En otro capítulo señala el autor Pappé: “soy consciente que se necesitará mucho más que este libro para invertir una realidad que demoniza un pueblo que ha sido colonizado, ocupado y expulsado, y que glorifica en cambio a las mismas personas que lo colonizaron y expulsaron. La derrota de este puñado de guerreros”… “sometidos a bombardeos pesados desde el aire y a feroces ataques en el terreno era inevitable”. “Los bombardeos israelíes fueron masivos y causaron infinidad de “daños colaterales” en las aldeas palestinas. Algunas sufrieron más que otras el azote de la fuerza aérea...” y los horrores de los israelíes armados por la Unión Soviética y el bloque del “socialismo científico”. En tanto, los voluntarios árabes recibían de Francia anticuados fusiles de la primera guerra mundial.
Enfoquemos de todas maneras la brutalidad de los defensores de los. DD.HH. Así leemos en la pág. 130: “la naturaleza sistemática del Plan Dalet. Resulta patente en el caso Deir Yassin una aldea pastoril y cordial, que llegó a un pacto de no agresión con la Haganá de Jerusalén, pero que estaba condenada a desaparecer por encontrarse dentro del área que, el Plan Dalet había ordenado limpiar”. “En vista del acuerdo que había firmado con la aldea, la Hagana decidió enviar tropas del Irgún y de la banda Stern liberándose así de toda responsabilidad...”. “El 9 de abril de 1948, tropas judías ocuparon la aldea Deir Yassin”… “al irrumpir en la aldea, los soldados judíos rociaron las casas con fuego de ametralladoras, lo que mató a muchos de sus habitantes. Después de esto, se reunió a los demás aldeanos y se los asesinó a sangre fría. Los cadáveres fueron maltratados y cierto número de mujeres fueron violadas, antes de ser asesinadas...” “Fahim Zaidar, que tenía doce años en esa época recuerda ‒dice el historiador hebreo‒ “como vio asesinar a su familia delante de sus ojos”: “nos llevaron uno detrás de otro, dispararon a un anciano, y cuando una de sus hijas gritó, le dispararon también a ella. Luego llamaron a mi hermano Muhamad y le disparon en frente a nosotros y cuando mi madre, que llevaba a mi hermana Hudra en sus brazos, pues todavía estaba amantando, le dispararon también a ella”.
Continúa Pappé el relato de los crímenes: “los soldados también dispararon a Zaydan. Lo habían puesto junto a otros niños (el autor señala en otra parte de su trabajo que los niños de diez años eran considerados hombres, porque podían manejar un fusil) en fila, junto a una pared que rociaron con balas «solo para divertirse» antes de marcharse. Tuvo suerte de sobrevivir de sus heridas...”
Con el subtítulo “Campañas de Venganza” dentro de capítulo 6 el autor Ilan Pappé escribe lo siguiente: “la práctica usual de enviar convoyes a través de áreas árabes densamente pobladas que aún no habían sido tomadas, supuso otro sacrificio: más de doscientos soldados judíos perdieron sus vidas cuando aquellos ataques contra, esos convoyes tuvieron éxito. Después de un ataque de este tipo fue a un convoy que se dirigía al asentamiento judío de Yechiam”. Las tropas que más tarde se encargaron de las operaciones fueron particularmente vengativas en el cumplimiento de su misión “…a las fuerzas que atacaron las aldeas de la zona, en la operación Ben Ami” (mayo de 1948), se les dijo que sus habitantes debían ser eliminados en venganza por las pérdidas del convoy. Fue por ésta razón que se sometió a las aldeas de Kabri, Umn, Alfaraj, y Nahr a una versión más amplia y despiadada del acostumbrado “destruir y expulsar” de las unidades israelíes. Nuestra misión atacar con miras a la ocupación. Matar los hombres destruir y prender fuego Kabri, Umn, Alfaraj y Hahr. El celo extra que se imprimió de este modo a las tropas, tuvo como resultado una operación de despoblación increíblemente veloz en una de las áreas más densas de Palestina. En las 29 horas siguientes, se destruyeron las aldeas de las zonas noroccidentales de Galilea (todas dentro del estado árabe designado por la O.N.U). lo que permitió a un satisfecho Ben Gurión anunciar al parlamento: “la Galilea occidental ha sido liberada”. En otras palabras, “Las tropas judías tardaron poco más de un día en convertir un distrito con una población que era 96% palestina y 4% judía (y con una proporción de la tierra similar) en un área casi exclusivamente judía”. “Ben Gurión particularmente alegre, por la facilidad con que se había expulsado, a las poblaciones de las aldeas grandes como Kabri, con mil habitantes, Zib con dos mil y Bassa con tres mil…”
“Ben Gurión y sus consejeros ‒continúa el historiador Pappé‒ tuvieron comprensión de lo ineficaces y débiles de los paramilitares e irregulares" (árabes) por lo que, dice el autor: “la comprensión de este hecho dio lugar a un estado de euforia que se refleja en la cantidad de órdenes que se enviaron, a las doce brigadas del ejército judío, para que empezaran a considerar la ocupación de Cisjordania, los altos del Golán y el sur de Líbano”. A este respecto, el autor Pappé, en el mismo capítulo, pero en la página 193-94, hunde su escalpelo con este párrafo: “los «búlgaros», como se los conocía fueron incapaces de desalojar al contingente iraquí que defendía Yenin y tuvieron que esperar hasta octubre de 1948 para tomar la alta Galilea. La creencia que esta brigada podía ocupar la parte norte de la Cisjordania (a pesar de lo acordado con el rey Abdullah de Jordania) e incluso llevar a cabo una invasión al sur del Líbano era sin duda presuntuosa pero constituye, un nuevo indicio del cinismo que esconde el mito de que, el estado de Israel, estaba peleando una «guerra de supervivencia». El 24 de mayo de1948 Ben Gurión se muestra triunfal y sediento de más poder  que nunca antes”.
He aquí la prueba que golpea fortísimo: “Estableceremos un estado cristiano en el Líbano cuya frontera meridional será el río Litani. Invadiremos Transjordania, bombardearemos Amman y destruiremos sus ejércitos, y luego caerá Siria, y si Egipto todavía quiere seguir peleando, bombardearemos Puerto Said, Alejandría y el Cairo. Esto será una venganza por lo que ellos (los egipcios, los arameos y los asirios) hicieron a nuestros antepasados en tiempos bíblicos”. Cínica confesión del sionista. Muestra su codicia rapaz de extender mediante las armas los límites del estado judío “más allá del 78 por ciento” (de Palestina), marcado por “el plan de partición adoptado por la resolución 181 de la Asamblea General" (29 de noviembre de1947). El párrafo final del “diario” de Gurión debería ser estudiado en un centro siquiátrico. El odio que muestra en rojo criminal con la palabra “venganza” es absolutamente incalificable. Sucesos acaecidos más de 700 años antes de Cristo, se plantean como base de vindicación a sangre y fuego. Por más que buscamos, no encontramos una explicación racional. Ello nos induce a dejar que el lector lo considere “in pectore” y exprese su fallo inapelable.
De todas maneras no queremos cerrar esta parte del intento de recensión del trabajo sin mencionar una anécdota. Ella se encuentra en la misma psicología que más arriba mencionamos. Leemos en el trabajo de la doctora Mac Millan ya mencionada por su brillante estudio “París, 1919, seis meses que cambiaron al mundo”. En la página 516 nos presenta a un sionista nacido en la santa Rusia zarista. Militante fanático del movimiento de Teodoro Herzl. El judío ruso al que nos referimos se llamaba Chaim Weizman y fue en los años 1920, un verdadero maquiavelo de los objetivos sionistas. Su figura física “era de un gran parecido con Lenín, alto calvo y perilla” tenía un aspecto que “reflejaba seguridad en sí mismo”. Tal vez su mayor aporte al movimiento sionista fue su capacidad para ganarse a figuras claves tanto en el judaísmo internacional “como entre los líderes del mundo”. “Con la guerra (1914-18) pisó el acelerador y sostuvo más de dos mil entrevistas con políticos y funcionarios que pudiesen ser útiles en la obtención de Palestina”. Y aquí va la anécdota prometida que lo sitúa en la misma línea siquiátrica de Ben Gurión: “Cuando en una ocasión ‒dice Mac Millan‒ le preguntaron por qué los judíos tenían derecho a Palestina, Weizman respondió: la memoria es derecho”. Siempre en los corazones del “pueblo elegido” el derecho y la venganza o el derecho divino para la venganza.
Con justicia Nuestro Señor Jesús los llamó: “hijos de la mentira”. Ahora debemos proseguir leyendo páginas claves en el estudio de Ilan Pappé. Así escribe: “en menos de 2 meses cientos de miles de palestinos habían sido expulsados de sus aldeas pueblos y ciudades. El plan de paz de la O.N.U. se había traducido en un pueblo aterrorizado e intimidado por la guerra sicológica el bombardeo de la población civil, las expulsiones masivas y el haber presenciado las ejecuciones de parientes, el abuso, el robo y casos de violación de esposas e hijas”… “en 1948 los palestinos no podían esperar ninguna clase de intervención internacional y tampoco contar con que la realidad que estaban viviendo fuera una preocupación más allá de las fronteras del país". Los observadores de la O.N.U. tampoco proporcionaron ninguna ayuda, había decenas de ellos, recorriendo Palestina y “observando” de cerca la barbarie y las matanzas pero no estaban dispuestos, o no fueron capaces, de hacer algo al respecto.
Un emisario de la O.N.U. fue algo diferente. El conde Folke Bernadotte había llegado a Palestina el 20 de mayo (1948). Permaneció allí hasta que, unos terroristas judíos le asesinaron en septiembre por haber “osado” proponer, que se dividiera de nuevo el país en dos y exigir el regreso incondicional de todos los refugiados. La repatriación era algo que ya se había pedido durante la primera tregua. Entonces, su solicitud fue ignorada. Cuando repitió su recomendación en el informe final que presentó a la O.N.U., lo mataron. Pese a ello fue, gracias a Bernadotte, que en diciembre de 1948, la Asamblea General de la organización adoptó su legado y recomendó el retorno incondicional de todos los expulsados por Israel, una, de un montón de resoluciones que Israel ha ignorado sistemáticamente. “Bernadotte había logrado concertar algún tipo de presión internacional sobre Israel...” “Los arquitectos del programa de limpieza étnica israelí entendieron que necesitarían involucrar en forma más directa a los diplomáticos del estado…”
Hasta aquí llegamos. Hemos redactado esta nota más extensa de lo programado. Ello nos plantea la necesidad de poner puntos que, Dios mediante, sólo serán suspensivos…
Luis Alfredo Andregnette Capurro
Desde el Real de San Felipe y Santiago de Montevideo

1 comentario:

José Carlos Araújo Sbarra dijo...

Salve camarada profesor, excelente como siempre.
Felicitaciones por el blog de Cabildo.
Un saludo en Cristo Jesús, brazo en alto y mano al cielo.

Coronel José Carlos Araújo